25 marzo 2009

¿De qué tamaño es la ola que se nos viene encima?


La correa de transmisión de la crisis financiera ya trajo las primeras dificultades para América Latina: una caída abrupta del precio de las materias primas de uso industrial. Lo bueno es que los Estados tienen caja, porque han acumulado reservas, ¿pero sabrán combinar todos los factores necesarios para actuar contracorriente? No hay una respuesta fácil, porque hay variables que no están bajo el comando de los gobiernos locales.Hugo PrietoLa imagen a la que apela José González, directivo de la casa de bolsa Econoinvest, para explicar la ola que se está formando en el océano de las finanzas, refiere al tsunami que devastó las costas de Tailandia. En un ajuste de precisión, González sostiene que el momento que estamos viviendo corresponde al instante en que el mar ha retrocedido sólo para regresar con todo su poder destructivo.“¿Recuerdas a los turistas ingleses que corrían desesperadamente hacia el hotel? Bueno, así estamos nosotros, corriendo sin saber en qué dirección exactamente”.La sensación de vacío es siempre aterradora. ¿De que tamaño es la ola que se nos viene? “Es una ola grande”, afirma González. Pero aún es muy temprano para precisar sus dimensiones, entre otras cosas, porque “estamos viviendo un crisis bancaria y, realmente, se podrá solucionar en el momento en que los bancos terminen de colapsar”. No se trata de un juego de palabras, porque el colapso no necesariamente conlleva a la quiebra.Sin embargo, el diagnóstico es claro: “la banca está insolvente, porque sus activos valen mucho menos, mientras el valor de sus pasivos es constante”. En esta dinámica, “el patrimonio desaparece y las opciones son: o capitalizas o quiebras”. Y eso es lo que ha venido sucediendo desde el mes de septiembre de 2008, con la quiebra del Lehman Brothers y las grandes agencias hipotecarias de Estados Unidos. El rescate ha sido por vía del Estado, para evitar que los ahorristas pierdan su dinero.“Sólo en títulos hipotecarios, la banca estadounidense había perdido 800.000 millones de dólares. Esa es la pérdida registrada de los 20 bancos a nivel global”. Pero sólo hemos visto la punta del iceberg, porque es imposible cuantificar el valor de “los activos tóxicos” del sistema bancario. Eso ha creado una gran incertidumbre que se ha trasladado a la economía real. Sólo en enero se registró la pérdida de 600.000 puestos de trabajo en Estados Unidos “Es el pico más alto en 30 años”, dice González.Una combinación de fuerzas negativas, además, provoca la caída. “Lo que vamos a ver en los próximos trimestres es una pérdida que se calcula en cuatro trillones largos de dólares”. Los primeros síntomas de una recuperación, quizás se vean a mediados de 2010. “Ese es el tamaño de la ola, en la medida en que no destruya todo lo que alcance a su paso, no vamos a tener paz para reconstruir lo que haya que reconstruir. Por eso, la imagen del tsunami me parece la más apropiada”, agrega González.Los costos van a ser crecientes, entre otras cosas, porque lo que viene es un “desapalancamiento sistemático”. En Estados Unidos, la gente “está dejando de consumir súbita y violentamente y está empezando a ahorrar, porque sabe que el futuro es lo más parecido a la incertidumbre”.

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