La primera correa de transmisión de la crisis financiera mundial ha significado para América Latina una contracción en el precio de las materias primas (entre 40% y 75%), un nivel similar al que tenían en 2004. Tampoco ayuda la contracción de la economía China, que crecía a paso de gigante y ahora lo hace a la mitad (6%).“Es importante señalar que el petróleo está por encima de los 35 dólares, más de lo que vimos en el 98 (ocho dólares). La buena noticia es que el mercado energético no está colapsado, la mala es que está muy golpeado”, afirma González. Eventualmente los precios se van a recuperar en tres años. “Quizás a 100 dólares el barril”. El impacto en América Latina será inevitable, porque el consumo de la región se financiaba con los altos precios de materias primas de uso industrial.La globalización de las finanzas se expandió como un virus por todo el planeta, pero también inoculó lo peor de la desregulación en formas fraudulentas de gestión. El ejemplo más reciente es la pirámide del imperio Stanford Bank, con ramificaciones en Colombia, Perú, México y Venezuela. La intervención en Estados Unidos propagó una ola de pánico que obligó al gobierno del presidente Hugo Chávez a aplicar una medida similar.“Venezuela representaba para Stanford Bank un tercio de sus depósitos (3.000 millones de dólares), con un sistema de colocaciones que ofrecían rendimientos en dólares de 12%, realmente fabuloso si lo comparas otros instrumentos de inversión”, dijo una fuente bancaria consultada para este trabajo.El antídoto contra la crisis en toda la región es implementar planes contracíclicos, a través del gasto público, que los Estados que han acumulado apreciables reservas internacionales financien programas de inversión pública en infraestructura productiva y social. “No que se los gasten, que los inviertan. No queda otra opción que gastar para que la recesión no te golpee con toda su fuerza”.Otra medida que luce inevitable es “tratar de reducir el consumo de bienes innecesarios (importaciones), aunque es difícil definir qué es y qué no es necesario”, dice González. Si el mercado percibe señales de escasez, la onda inflacionaria podría afectar el nivel de ingreso de la población más vulnerable.En Venezuela, las señales de alerta se dispararon y el gobierno, a través de Cadivi, aplica medidas para reducir las importaciones. El objetivo es preservar el desempeño de los llamados sectores prioritarios (alimentos, medicinas e insumos para el sector manufacturero). “¿Quieras o no tienes que hacerlo. Es como si perdieras el trabajo, tú quisieras seguir viviendo la vida loca, pero ya no tienes ingresos y si no tienes ahorro, lo que tienes en la cuenta corriente te va a durar 15 días”.El sector privado podría actuar de forma contracíclica, pero aquí el productor que está bien posicionado, con nichos en el mercado internacional es PDVSA. “Ahora advertimos la situación por la cual ha pasado el sector privado”, sostiene el economista y asesor financiero, Leonardo Vera. “El sector privado no tiene el músculo que hace falta para reemplazar al Estado en aquellos espacios que podría abandonar en un momento de crisis”. Lo que se ha registrado en Venezuela es un “acelerado proceso de desindustrialización”. Algunas empresas hicieron mucho dinero, pero están metidas en áreas muy peculiares: transporte y consumo al detal. La realidad es que Venezuela depende cada vez más de las importaciones. Además, “en este clima económico, institucional y político es muy difícil que el sector privado pueda dar esa respuesta”, agrega Vera.
25 marzo 2009
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